dissabte, 3 de gener del 2009

¡Haz callar a las mariposas!

Como un sapo... el sapo espera a que caiga la noche, a que todo el mundo deje lo que estaba haciendo, se acomode en la cama y cierre los ojos dispuesto a dormir plácidamente. Entonces empieza su serenata. Croag... croag.... croag...

El sapo es un ser muy inteligente. El sapo no croa de día, cuando el ruido de la humanidad impide oir su fantástica llamada a la hembra. Él croa de noche, justo cuando todo queda en ese silencio absoluto.

Y ¿la hembra? ¿Le oye? Bueno eso depende... de la distancia, de lo fuerte que croe el sapo, y del ruido de las mariposas.

¿Cómo? ¿No las oís? Pues mira que son pesadas... Al croag croag del sapo uno puede acostumbrarse, en el fondo es como quien tiene un reloj de péndulo y va sonando y sonando, al final ni lo oyes.Pero las mariposas no, ¡que pesadas! Hay noches que están más tranquilas, pero hay otras que se alborotan y sus aleteos suenan tan fuerte que parecen latigazos.

Ahora que lo dices... y ¿si sólamente las oigo yo? Puede que el sapo en realidad no quiera aparearse y sólo croe cuando las mariposas aletean... como escusa... "yo croaba y croaba pero la ranita no me oia... ¡culpa de las mariposas!"

Así que cuando aleteen las mariposas será cuando tendré que agudizar mis oidos al máximo... ¡igual de fondo oigo el crag croag de mi sapo!

¡Haz callar a la mariposas!